Ulyana Malchanava, Sofya Litskevich y Yana Minevich regresan a Pesaro ahora como sénior, mientras Kiryl Stsepankevich, Ivan Karviha, Uladzimir Hetsman y Artyom Iatuk se preparan para el primer Mundial de su grupo masculino. Detrás hay años de convivencia, universidad y hasta seis días de entrenamiento por semana.
Cuando Ulyana Malchanava, Sofya Litskevich y Yana Minevich estuvieron en Pesaro en 2021, todavía competían en las categorías de formación.
Cinco años después regresan como un grupo femenino sénior que lleva trabajando junto desde 2019 y que llega al Mundial respaldado por importantes resultados internacionales durante la temporada.
A su lado, Kiryl Stsepankevich, Ivan “Vanya” Karviha, Uladzimir “Vova” Hetsman y Artyom Iatuk vivirán una experiencia completamente diferente: será el primer Campeonato del Mundo del grupo masculino sénior.
Una conexión construida durante años
La relación entre las integrantes del grupo femenino no termina al salir del gimnasio.
Yana y Sofya también compartieron universidad. Yana se graduó con honores y actualmente realiza un máster, y asegura que estudiar y entrenar juntas las ayudó a conocerse todavía más.
Después de unos siete años compartiendo equipo, muchas veces pueden comprender lo que ocurre durante un elemento sin necesidad de hablar.
Sofya también conoce diferentes posiciones. En Pesaro 2021 competía como base; ahora es middle. Para ella, esos cambios parten de la confianza en el entrenador y en su capacidad para identificar la posición adecuada para cada gimnasta.
Ulyana continúa como top desde 2019. Con 19 años y estudios en la Universidad de Cultura Física, afirma sentirse hoy más fuerte y segura.
Las medallas conseguidas durante la serie de Copas del Mundo también han aumentado la confianza del grupo antes de Pesaro.
Seis días por semana en el gimnasio
La preparación ayuda a entender el alto nivel del equipo.
Yana explica que entrenan seis días por semana: cuatro con doble sesión y dos con una sesión más extensa.
En los días dobles, cada entrenamiento puede durar entre tres y tres horas y media. Cuando realizan una sola sesión, puede alcanzar las cinco horas y media o seis horas.
La jornada incluye calentamiento, elementos aislados, ejercicios completos, coreografía y preparación física.
Muchas horas de trabajo para construir las rutinas que después duran apenas unos minutos frente al público.
El primer Mundial de los chicos
Para el grupo masculino, Pesaro estará lleno de primeras veces.
Kiryl Stsepankevich, el más joven y top de la formación, es aficionado a la pesca. Sin embargo, cuando le preguntaron qué exige más paciencia, pescar o la Acrobática, eligió rápidamente el deporte.
Desde lo más alto de las pirámides, explica, debe concentrarse en su propia función y confiar totalmente en quienes están debajo.
Su gran sueño era participar en un Campeonato Mundial. Pesaro hará realidad ese objetivo y será también su primera visita a Italia.
Para Ivan “Vanya” Karviha, la Acrobática ha aportado dos herramientas esenciales para su vida: disciplina y responsabilidad.
Las competiciones internacionales también despertaron su interés por los idiomas y otras culturas. Cada nuevo país es, para él, una oportunidad para conocer su historia y hablar con las personas que viven allí.
Compañeros también fuera del deporte
Uladzimir “Vova” Hetsman comparte con Vanya tanto entrenamientos como estudios universitarios.
Según él, pasar tantas horas juntos creó una sincronización que permite que ambos se entiendan prácticamente sin palabras.
Fuera del gimnasio, Vova disfruta de la cocina. Su especialidad son las tortillas o los huevos revueltos con bacon: rápidos, saciantes y siempre deliciosos, según él.
El mayor de los cuatro, Artyom Iatuk, tiene 20 años y otra afición muy diferente: conducir y reparar coches.
Preguntado sobre qué es más complicado de arreglar, un automóvil o un grupo masculino cuando las cosas no funcionan, respondió con humor:
“Es más fácil arreglar un coche porque no tiene sentimientos.”
Una respuesta que también dice mucho sobre la Acrobática, una disciplina en la que gestionar personas, confianza y emociones es tan importante como dominar los elementos.
Su sueño en Pesaro es máximo: ganar el Campeonato del Mundo.
Lo que puede valer más que una medalla
La familia aparece constantemente en las historias de los atletas.
Sofya cuenta que el grupo femenino tiene una pequeña comunidad de seguidores formada por familiares y amigos que sigue su evolución y sus competiciones. Sentirlos cerca aumenta su confianza antes de salir al tapiz.
Sin embargo, el éxito en Pesaro no se medirá únicamente en medallas.
Al hablar sobre qué haría al equipo regresar satisfecho a Bielorrusia, Yana dijo que completar bien sus ejercicios y hacer feliz al entrenador podría ser incluso más importante que ganar.
Así llega Bielorrusia al Mundial: con unas mujeres que vuelven a Pesaro convertidas en sénior y unos hombres que vivirán por primera vez el escenario mundialista.
Unos buscan confirmar años de crecimiento. Otros vivir una experiencia inédita. Todos quieren salir del tapiz sabien
do que mostraron lo mejor de sí mismos.
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